1 de diciembre de 2017

ES IMPOSIBLE SER UN BUEN PROFESOR

Un poco de humor, por fin de Ciclo 2017-II en la UNT

Si eres conversador: ¡Eres un confianzudo!
Si eres serio: ¡Eres un amargado!
Si eres joven: ¡Eres un inexperto!
Si eres viejo: ¡Estás pasado de moda!
Si exiges: ¡Eres un autoritario!
Si no exiges: ¡Eres un incapaz!
Si llegas temprano: ¡Te han botado de tu casa!
Si llegas tarde: ¡Se te pegaron las sábanas!
Si llegas puntual: ¿Acaso te van a premiar?
Si colaboras: ¡Eres un interesado!
Si no colaboras: ¡Eres un egoísta!
Si haces amigos: ¡Acá se viene a trabajar!
Si no haces amigos: ¡Eres un antisocial!
Si prosperas: ¿Quién sabe a que más te dedicas?
Si no prosperas: ¿En qué gastas tu sueldo?

 
CUALQUIER PARECIDO ES COINCIDENCIA...

Por tanto, para ser profesor se requiere:
La sabiduría de SALOMÓN.
La paciencia de JOB.
La sordera de BETHOVEN.
La sonrisa de la GIOCONDA.
La mansedumbre de SAN FRANCISCO.
La alegría de un NIÑO.
La astucia de un ZORRO.
La actividad de una ABEJA.

El valor de un LEÓN.

Tomado de INTERNET y otras fuentes.

6 de octubre de 2017

EL AULA COMO ESCENARIO

Este es otro cambio en las concepciones educativas. El aula es el espacio físico para realizar la clase o sesión de aprendizaje, pero es, al mismo tiempo, un escenario que debe generar satisfacción mutua: estudiantes y docentes debemos salir del aula satisfechos por haber realizado una labor productiva; por tanto, gratificante.
Observemos el siguiente gráfico:

El aula debe ser una escenario que genere satisfacción al docente y al estudiante
Recordemos que los profesores permanecemos en nuestras instituciones educativas un tercio de nuestra vida profesional. De las veinticuatro horas del día, ocho estamos en el centro laboral, y de éstas, varias horas en las aulas.
Por esta razón las aulas deben ser escenarios de permanente satisfacción y de realización, que rompa inclusive el círculo de tensión al que estamos sometidos en la vida diaria. Si salimos del aula alegres llevaremos alegría. Si salimos frustrados llevaremos frustración.
Pero mucho dependerá del profesor para que el aula sea un escenario en el cual aflore la atención, la imaginación científica, la participación, la alegría por el estudio; para que el estudiante no se sienta obligado a estudiar, sino que sienta la necesidad de aprender para la profesión y para la vida. Y sienta que su aula es realmente su escenario de formación y deseen permanecer en ellas.
En el sentido técnico en el aula el docente hace administración: de competencias, del espacio, del tiempo, de los contenidos curriculares, de los medios y materiales educativos, de la disciplina, de la participación de los educandos, entre otros aspectos.
En cuanto a los contextos del aula, éstos son: la escuela y la familia. Por escuela nos referimos al contexto administrativo y sociocultural de la institución educativa. La comunidad y la naturaleza o medio ambiente son los contextos inmediatamente superior del aula.
Si analizamos la influencia que ejerce la institución educativa y la familia, la comunidad y la naturaleza sobre el aula, veremos, en el gráfico superior, que ésta es inmediata. Por ejemplo, un altercado violento de los padres de un estudiante, antes de salir a clases, se notará en su conducta en el aula.
Lo que ocurra en la comunidad influye de igual manera. Recuerdo el ataque del 11 de setiembre del año 2001 a las torres gemelas del World Trade Center en los Estados Unidos; ocurrió poco antes de las nueve de la mañana y fue televisado en tiempo real. Las escenas fueron tan impactantes que de inmediato se suspendieron las clases; nos invadió una mezcla de asombro, temor, incertidumbre.
Un suceso político, un encuentro deportivo, una fuerte lluvia dejan sentir su efecto de inmediato en las aulas. Recordemos los efectos del fenómeno climático llamado "Niño costero" de este año 2017. 
Por el contrario, la influencia de lo que acontezca en el aula hacía afuera (ver gráfico) es a mediano plazo. Se calcula que los primeros resultados, favorables o desfavorables, para los profesionales formados en las instituciones educativas superiores deben manifestarse a partir de los cinco años de egresados. Si sumamos los cinco años de formación académica, equivale a que los profesores tenemos que esperar ¡diez a años! para ver a nuestros egresados realizarse en su vida profesional y social.
Significa que sembramos para cosechar a mediano plazo. Por lo tanto, los docentes necesitamos un propósito, una aspiración, o mejor aún, una visión que nos genere la fuerza emocional para encarar nuestra noble tarea de educar, que no es simple sino compleja, que exige esfuerzo y constante capacitación; aun cuando muchas veces no es reconocida y recompensada, como debería ser.